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lunes 24 de agosto de 2009

Bolívar al menos en algo tuvo razón

Bolívar y sus reflexiones sobre "las Américas":



PRONÓSTICOS
DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR


EN ÉL AÑO DE 1828


No hay fe en América ni en los pueblos ni en los hombres. Las constituciones son libros, las leyes son papeles, las elecciones combates, la libertad anarquía y la vida un tormento.


EL 9 DE NOVIEMBRE DE 1830


La América es ingobernable. Los que han servido a la revolución han arado en el mar, La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Estos países caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después caer en tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos tal vez no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo este sería el ultimo periodo de la America.

FIN



Salvando el tremendo horror error del falso título de libertador al sinverguenza de Simón Bolívar, el tipo... al menos en lo que dice la imagen, tuvo toda la razón, menos claro en lo de emigrar, ¿dejar Guayaquil?, nuuunca pues, yo aquí envejeceré y moriré con total seguridad.

"Estos países caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después caer en tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas."

¿Oye no?, habrá sido adivino el tipo?
Les presento a nuestro "tiranuelo casi imperceptible":

Hablenle a la mano, montón de pelavergas, ¿a mi que chucha me importa si se mueren de hambre?, yo me largo a Cuba a pasear y a posar para una foto fake editada con photoshop, para que todos los sociolistos crean que Fidelito está vivo.


Igual con todo y razón, Simón Bolívar no era nada mas que un gran imbécil y un pobre y triste maricón:







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sábado 8 de agosto de 2009

El bicentenario de una mentira | El secreto del 10 de agosto de 1809

Está a punto de celebrarse gracias a la hipocresía y al exacerbado nacionalismo del Gobierno Ecuatoriano el bicentenario de una de las vergüenzas mas grandes que ha vivido la Villa de Quito y sus villanos, me refiero al mito inventado, la gran mentira Quiteña, el famosísimo y ridículo: "primer grito de independencia".


Ya expuse a modo de investigación un post donde explico porque el diez de agosto de 1809 no puede ser considerado jamás un primer grito de nada en este país, peor podría ser un primer grito hispanoamericano (ese mérito lo tienen los Bolivianos), no obstante creo que quedaron cabos sueltos y para sacarlos de las dudas por completo hago este segundo post con ciertos pormenores oscuros, misteriosos y latentes los cuales estuvieron siempre presentes motivando la revuelta Quiteña y ante lo cual giró absolútamente todo el famoso y falso grito de independencia, el cual no llegó a ser ni siquiera un gemido.

Todo el problema ocurrido con la revuelta Quiteña del 10 de agosto fue un asunto simplemente político y religioso sin ningún tinte independentista, libertario o separatista, ni siquiera fue autonomista, jamás se gritó: "Abajo el yugo Español", siempre se gritó: "Viva Fernando VII".

Los nobles conservadores Quiteños dirigidos y manipulados por el Marqués de Selva Alegre (el cual según se cree prometía títulos nobiliarios), organizaron su protesta, su pequeño "golpe de Estado" para no perder los privilegios obtenidos por la monarquía de los Borbón, ya que el nuevo monarca José Bonaparte (hermano de Napoleón Bonaparte) entraría con una nueva monarquía y eliminaría la anterior, además existía un miedo enorme a la masonería dado que José Bonaparte no solo era Masón sino además Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, se entiende entonces que el grito a favor de Fernando VII haya sido contrario al Gran Maestro y a favor de la conservadora Iglesia Católica dominante de ese entonces:
"JURO POR DIOS Y POR LA CRUZ DE MI ESPADA DEFENDER A MI LEGITIMO SOBERANO FERNANDO VII, SOSTENER SUS DERECHOS, MANTENER LA PUREZA DE LA SANTA IGLESIA CATOLICA, ROMANA Y OBEDECER A LAS AUTORIDADES CONSTITUIDAS".

En España algún tiempo después, habiendo retomado el poder absoluto, Fernando VII persiguió, encarcelo y asesinó a los masones en todo su reino:

Por la Real Cédula del 1 de agosto de 1824 prohibo para siempre en España e Indias las sociedades de francmasones y otras cualesquiera secretas.

El odio del conservadurismo centralista Quiteño hacia la Masonería ha quedado sentado en la historia del Ecuador en innumerables ocasiones, pero principalmente cuando asesinaron e incineraron despiadadamente a Eloy Alfaro por el crimen de ser masón en: "la hoguera bárbara", graduándose y con todos los honores de verdaderos animales (¿ellos son los que nos apodan a nosotros "monos"?).
El 28 de enero de 1912, en una hoguera bárbara, turbas asesinas, al grito de ¡Viva la religión, abajo la masonería!, sedientas de sangre y cargadas de odio, asesinan, arrastran e incineran a Eloy Alfaro. Muere a los 70 años de edad.
Inmolación de Eloy Alfaro Delgado


Voy a reseñar un poco sobre Fernando VII: Este sujeto fue uno de los más absolutistas déspotas y miserables reyes que pudo tener España, le decían “Rey Felón”, felón significa cruel, malvado y asi le veian los Españoles, como un mal rey, sin escrupulos, vengativo y traicionero, nadie lo quería en España, y menos cuando se descubrió que llegó al poder pactando con los Franceses que lo ayudaron a destronar a su propio padre: el Rey Carlos IV en el Motín de Aranjuez:

Poco después, en marzo de 1808, ante la presencia de tropas francesas en España (dudosamente respaldadas por el tratado de Fontainebleau), la corte se trasladó a Aranjuez, como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a América si la intervención francesa así lo requiriese. El día 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asaltó el palacio del Príncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregló para salvar la vida de su favorito, fue obligado a abdicar en favor de su hijo el día 19. Estos hechos son los que se conocen como Motín de Aranjuez. Por primera vez en la historia de España, un rey era destronado por su propio hijo.
Fernando VII por Goya


Todo esto para el año de 1808, donde en muy poco tiempo ya gozaba de una gran antipatía al suprimir la constitución del mismo año y descubrirse la conspiración contra su propio padre manipulando al pueblo y levantándolos en armas para asumir el trono con la ayuda del ejército invasor Francés.

El tiempo mal pagó sus traiciones, irrefrenables ambiciones y ansias de poder, ya que Napoleón Bonaparte no respetó sus acuerdos despreciando y burlándose no solo de el sino que de su padre también, la enorme y muy conocida astucia de Bonaparte “Le Petit Cabroncete” brilló durante las abdicaciones de Bayona:

Entretanto, la situación en Bayona estaba adquiriendo tintes grotescos. Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió la devolución de su trono. Napoleón le obligó a ceder sus derechos a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de reales anuales). Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón y Carlos IV presionaron a Fernando VII que reconociera a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, aceptó, el 6 de mayo de 1808, ignorando que su padre ya había renunciado en favor de Bonaparte, por tanto, los derechos a la corona de España, recayeron en Napoleón, los cuales fueron otorgados a su hermano José, que reinaría en España como José I Bonaparte. Todo este acto de traspasos de la corona española se conoce como Abdicaciones de Bayona.

La burla y el profundo desprecio del Francés ante el servilismo indigno y humillante de Fernando VII se hizo evidente en el destierro de Santa Elena cuando recordaba así al Monarca Español:

"No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer. En fin, me instó vivamente para que le dejase ir a mi Corte de París, y si yo no me presté a un espectáculo que hubiera llamado la atención de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasión."

Parece un juego de niños pero es la realidad, Napoleón Bonaparte jugó con este par de traidores a su patria y a su corona a su antojo.

Todas las traiciones y embustes de los Reyes ya se conocía en el año de 1808, es incluso muy conocida la sorpresa de Napoleón ante el rechazo del Reinado de su hermano, ya que siendo este mucho más "humano" que los Reyes anteriores, fue rechazado por los Españoles ultranacionalistas y conservadores, siendo tildados luego por el diminuto gran Francés como locos.

¿Porque un grupo de terratenientes, nobles y pelucones (de peluca) Quiteños apoyarían a semejantes Reyes Españoles absolutistas, déspotas y traidores que vendieron su corona por unos castillos y unos cuantos millones como pensión?


No existe justificativo para tamaña estupidez, la realidad es que los Quiteños apoyaron a un rey absolutista y "parricida" como Fernando VII; seguramente si viajásemos al pasado y los conociésemos nos decepcionaríamos enormemente al verlos, siendo unos pelucones mestizos muy acomplejados y engreídos que se creían nobles porque toman el te levantando el dedo meñique (de libertarios no tenían ni el dedo que levantaban).

Asesinaron a traición a los pelucones (de peluca) revoltosos el 2 de agosto de 1810 los emisarios del Rey al que juraron lealtad y defendieron, Rey al cual su propio pueblo (Español) calificó de "traicionero", esto les pasó a los Quiteños de entonces por tontos, ingenuos, acomplejados y serviles, les pasa a muchos en este país a decir verdad, ¿cuantos sujetos aquí no se creen de la más alta cuna y rancia nobleza y no se fijan que somos todos mestizos?, creen que siendo "snobs", adulando y aliándose con gente "importante" logran una cierta alcurnia.

Pero ya... quizá siendo un poco más abierto, tal vez todo esto del 10 de agosto no fue producto de una profunda y quizá hereditaria estupidez Quiteña, puede ser también producto de complejos, conveniencias políticas, ignorancia religiosa o porque eran unos nobles ultrafascistas e imperialistas que en su afán de mantener y comprar privilegios apoyaron el absolutismo total de un Rey déspota y sanguinario que no solo los asesinó sino que terminó asesinando y llevando al destierro a miles de Españoles ya que por su culpa y gracias a su ley de sucesión al trono Español a conveniencia de sus intereses personales se desataron las guerras Carlistas obligando a miles de Españoles a huir de su país llegando la mayoría de estos hasta América (Vascos).





"Muchos historiadores Españoles ven a esta revuelta Quiteña como la estupidez mas grande que ninguna ciudad pudo haber cometido, los Quiteños causan lástima y son el hazme reir en una historia donde juraron lealtad a un Rey odiado por su propio pueblo y solo amado por sus esclavos a distancia que a la larga malagradeció la deferencia de estos con la indiferencia"


¿Ahora entienden porque le decían Rey Felón?


Monumento al Rey Felón






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viernes 7 de agosto de 2009

La villanía Quiteña y la ciudadanía Guayaquileña

Es fácil entender quienes son los villanos y quienes los ciudadanos, ahora que Guayaquil está próxima a celebrar sus fiestas de fundación:

Guayaquil fue fundada el 15 de agosto de 1534, fecha normalmente atribuida a la fundación de Riobamba, pues fue allí en donde se fundó originalmente “La Ciudad de Santiago de Quito”, es decir Guayaquil, la que fuera más tarde desplazada a orillas del río Guayas. Trece días después, el 28 de agosto de 1534, fue fundada “La Villa de San Francisco de Quito”, que también fue desplazada hacia el norte, hasta su ubicación actual.
El nombre de Santiago se lo tomó del apóstol. Las autoridades Españolas, a la usanza de la época, escogieron para Guayaquil el nombre de su Patrono, seguido del de la región, en ese entonces conocida como “Quito”, para significar que ésta sería la principal ciudad de la zona. Literalmente, el nombre de la ciudad era pues un “Patronímico” español. Así habían actuado antes en República Dominicana y Cuba y luego repetirían en Cali y Chile.
Quito quedará como históricamente secundaria, no tan sólo por los 13 días de distancia, sino por la gran diferencia que existe entre el título de “Ciudad” (de Santiago) y el de “Villa” (de San Francisco). Si se pican, habrá que decirles que a los de la ciudad se nos llama ciudadanos y a los de la villa, villanos.






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jueves 6 de agosto de 2009

Monumento a José Joaquín de Olmedo

Entre las diversas estatuas y bustos con que la ciudad de Guayaquil rinde homenaje a la memoria de sus más ilustres ciudadanos, se destaca de manera especial el monumento a José Joaquín de Olmedo, que se levanta frente al río Guayas, al sur del Malecón, a la altura de la Avenida Olmedo.



La iniciativa fue del Concejo Municipal, que en 1878 -para celebrar el Primer Centenario de su nacimiento- nombró una comisión llamada “Comité Olmedo”, destinada a llevar adelante el proyecto de erigir un monumento en memoria del ilustre patriota y poeta guayaquileño. El comité estuvo presidido por don Pedro Carbo, quien -a pesar de la diferencia de años que los separaba- había sido amigo personal de Olmedo, y otros prestantes guayaquileños como Ignacio Casimiro Roca, Francisco Xavier Aguirre Jado, Francisco J. Coronel Mateus, Manuel Marcos, Antonio Icaza, Eduardo Wright, Tácito Cucalón, Gabriel Murillo, Manuel María Suárez, Pedro José Noboa, Martín Icaza, Juan Illingworth, Francisco Campos, Juan Bautista Elizalde y José Antonio Gómez.

Con el fin de crecer los fondos necesarios, el Comité promovió suscripciones populares, organizó funciones de teatro y celebró una exposición Nacional Agrícola e Industrial que se abrió al público el 19 de marzo de 1880, fecha del primer centenario del nacimiento del patriota y poeta. El Tesorero Público contribuyó con la cantidad de cinco mil pesos y el Congreso Nacional con la de seis mil sucres, pagaderos en 1884, año en que el sistema monetario cambió del peso al Sucre.

Contando con todas estas erogaciones, a las que se agregaron las de los vecinos del barrio del Astillero, que llegaron a siete mil sucres -ya que se aseguraba que la estatua sería colocada en la calle Saraguro (hoy Av. Olmedo), como así ocurrió- y con las del barrio Central, cuyos habitantes expresaron el deseo de tener cerca el monumento, y que sumaron a la cantidad de ocho mil sucres, ya se podía contratar monumento que llegó a un costo de S/. 37.000 aproximadamente.

Considerando que ya contaba con los fondos necesarios, el Comité pudo enviar a París los primeros valores para el monumento, contando para el caso con la valiosa colaboración del Cónsul del Ecuador en esa ciudad, Sr. Clemente Ballén, quien contrató la obra con el acreditado escultor y estatuario Jean Alexandre Falguiere, quien debía crearla y encargarse también de su fundición en bronce.

Basado en dibujos y la descripción que de Olmedo le hacía don Clemente Ballén, Falguieri empezó a moldear la estatua que, desde un principio, no agradó a ninguno de los dos: al primero por su falta de parecido y al segundo porque lo prefería de pie y 60 años de edad y no sentado y de 45, y así lo informa Ballén al Comité en carta del 16 de junio.

“... A Mr. Falguieri le ha gustado más el retrato de 60 años que el de 45 y me ha dicho redondamente que la estatua debe representar a Olmedo en pie y no sentado. Cuando escriba al Comité le daré las razones de Falguiere, que el mismo Dubois tiene como el mejor escultor de Francia...”.

En la página 17 de sus “Estudios Sobre Olmedo”, don Luis Noboa Icaza afirma que:

“... el Comité insistió en que estuviese sentado. Se le dio el gusto, pero el escultor lo puso en actitud de levantarse...”


A pesar de que el monumento ya había sido contratado, a inicios de 1888 -según informa diario Los Andes en su edición del 9 de febrero- el Comité discutía la posibilidad de realizar en París un Concurso para decidir quien sería el artista que realizaría la obra, pero el Sr. Ballén expuso varios criterios en contra de esa propuesta, demostrando cu completa inutilidad, pues consideraba que solo era necesario la contratación de un arista notable, señalando además que los artistas de renombre prefieren no participar en dichos concursos por el temor de perder su reputación ante un desconocido.

La creación de esta obra, como lo dijimos al principio, tuvo muchas complicaciones en lo referente al parecido, y así lo hace saber don Clemente Ballén al hijo del prócer en carta del 11 de abril de 1889, en la que expresa:

“La estatua se está amoldando en yeso. La actitud es muy noble; pero no estoy contento, por las falta de semejanza. Tú recuerdas que lo que me preocupaba era la falta de un retrato de perfil, y ha sucedido por el contrario, sin poder explicármelo, que de lado es el mismo Olmedo, y de frente no se parece. He pasado horas enteras con Mr. Falguiere, algunas veces con Dorn, quitando y poniendo, ya aumentando la nariz, ya disminuyéndola, ya cambiando la fisonomía; ya bajando los párpados; ya adelgazando las mejillas o abultándolas. Mr. Falguiere con mucha paciencia, ha hecho todos estos ensayos, deseoso también de encontrar el parecido. Mucho ha mejorado, pero no es el ideal que buscamos. Tenemos varios retratos que no se parecen el uno al otro...”

Más adelante continua la misiva:

“...Una cosa que ha dado mucho que hacer en la de tu padre, es el pelo fino y ensortijado, que ha sido imposible de reproducir, por que unos retratos tienen peluca y otros no, y el escultor no sabía a que atenerse”

La comunicación expresa también que:

“...El bajorrelieve del 9 de Octubre ha necesitado reformas; allí figuran Olmedo, Roca, Jimena, Marcos y Francisco Elizalde. Los otros retratos no servían porque no eran de la época...”

En la carta del 17 de mayo de 1889, se lee:

“...La estatua se está fundiendo y el pedestal está también en obra. En cuanto a la semejanza, la estatua no será perfecta pero no hay modo de evitarlo. Mucho hemos trabajado, algo hemos conseguido, pero no todo lo que deseábamos...”

La fundición se la realizó en los talleres Thiébaut Fréres, como consta grabado en el bronce del pedestal. Tanto la estatua, como los bajorrelieves, tienen grabados la firma de Falguiere. Como era costumbre de los grandes escultores de Europa, una vez terminada su obra, antes de enviarla a la ciudad de destino realizó una invitación al público francés para que este la apreciara.

El pedestal de granito fue cincelado por el arquitecto George Chedanne, también francés.

El monumento llegó a Guayaquil el 17 de julio de 1891, y a partir de esa fecha y por más de un año, permaneció abandonado en las bodegas de la aduana -situada entonces al norte de la ciudad, en el sector que hoy ocupa la ESPOL-, cubriéndose de polvo mientras se suscitaba una intensa polémica relacionada con el lugar en que debía ser levantado.

Las propuestas fueron muy variadas:

“Nuestro colega el “Diario de Avisos”, después de enumerar siete de los proyectos en debate, concluye declarando su opinión favorable a la del señor don Pedro P. Gómez, o sea a la colocación de la estatua en la Planchada” (Diario La Nación, mayo 22 de 1891).

El primero fue el del barrio del Astillero, que propuso sea levantado en la intersección de la calle San Alejo (hoy Eloy Alfaro) y Zaraguro (hoy Av. Olmedo), para lo cual ofrecieron contribuir con S/. 7.000 para los gastos, y cuya proposición fue aceptada por el Comité mediante la condición indispensable de la entrega de los S/. 7.000, para lo cual les concedía 6 meses de plazo.

Ante la imposibilidad de cumplir con dicho plazo -informaría La Nación el 7 de julio de 1892-, los vecinos de Las Peñas propusieron aportar con la cantidad de S/. 8.000 a fin de que la estatua sea colocada en la Plaza de La Concepción, proyecto que exigía la expropiación de tres casas para regularizar la plaza.

Otras propuestas pretendían ubicarlo en la Planchada, en la calle Illingworth y hasta la compra del edificio donde funcionaba la imprenta El Globo para crear en el solar una plazoleta lo cual, indudablemente, era muy oneroso, tal lo informa diario La Nación en su edición del 27 de febrero de 1891.

Se propuso también:

“que se coloque la estatua sobre el antiguo muelle que existe entre las oficinas del Resguardo y la Capitanía del Puerto, y frente a la Gobernación de la Provincia, por ser un lugar muy central y que requiere menos gastos que la plaza de La Concordia…” (Diario Los Andes, Oct. 21 de 1891).

Diario La Nación, posiblemente en un momento de confusión producido por el acalorado debate relacionado con el sitio donde debía levantarse el monumento, hizo una propuesta por lo demás disparatada, y así lo señala en su edición del 20 de julio de 1891:

“La Nación” ha apoyado la idea de trasladar la estatua de Rocafuerte a la Plaza de la Merced o la calle de su nombre, para colocar la de Olmedo en la Plaza de San Francisco; después de haber visto fracasar uno á uno todos los demás proyectos, y como opinión que tiene en su favor el voto de una gran mayoría de guayaquileños”.

Ya para entonces, diario Los Andes, que defendía la propuesta de que el monumento sea levantado en la plaza de La Concordia, en su edición del 16 de julio había dicho:

“Colocarse en una calle es un tremendo despropósito… El pedestal y la reja que lo circunden ocupará toda la calle, sirviendo de obstáculo al libre tránsito de las gentes. Allí se arremolinan carros, fardos, vehículos etc., y el viajero que arribe a nuestras playas y busque con afán la estatua del bardo inmortal, tendrá que admirar que el genio de Olmedo esté profanado con el laberinto de la escena humana. Es capaz de creer que es la estatua de un rico comerciante, y no la de un gran poeta”.

Ante la situación de “debate público” a la que había llegado el asunto relacionado con el sitio en que debía ubicarse el monumento, en sesión del 21 de agosto de 1891 el Ayuntamiento resolvió que la grandiosa efigie se coloque en la Plaza de La Concepción, resolución que molestó a los miembros del Comité por no habérseles consultado, ya que el Comité, desde su creación en 1878, era el único que tenía facultad de tomar todas las decisiones relacionadas con la adquisición de fondos, contratación y creación de la obra y, por supuesto, con el lugar en que debía levantarse.

Pero la polémica continuaba y se polarizaba entre los vecinos del Astillero, que para diciembre de 1891 ya habían colectado la nada despreciable suma de ocho mil sucres; y los vecinos de Las Peñas que se mantenían en su empeño con una propuesta que trataba de igualar a la de sus contendores.

Finalmente, en sesión del 8 de julio de 1892, el comité respectivo resolvió definitivamente que el monumento dedicado a perpetuar la memoria del Presidente de la Provincia libre de Guayaquil sea colocado en la calle de Zaraguro.

Inmediatamente el agrimensor municipal empezó a estudiar el lugar para la erección del monumento, y a mediados de agosto, el Sr. H. Parring -contratado para el caso- había concluido los planos así como el presupuesto para la colocación de la estatua, que ascendería a 23.142,66 sucres. Pocos días más tarde, el comité encargó su montaje y colocación definitiva al arquitecto italiano Rocco Queirolo, que residía en la ciudad y había realizado con éxito el montaje del monumento ecuestre de Bolívar en 1889.


Programa de Inauguración del Monumento a Olmedo


La inauguración del monumento -revestida de las características que exigía la ocasión- se inició el 8 de Octubre, cuando un cañonazo disparado por el buque de guerra Cotopaxi anunció el inicio de los festejos. Por la noche, la ciudad estaba iluminada y las bandas militares recorrían la ciudad, entonando los aires de las retretas populares.

Y llegó así el día esperado, la aurora del 9 de octubre fue saludada con 21 cañonazos disparados por la escuadra nacional, recordando a los vecinos el aniversario de la gesta de Octubre. Ya para entonces la mayoría de las casas de la ciudad se habían engalanado: unas con colgaduras y guirnaldas, y otras con el pabellón de Octubre. Enseguida se celebró en la Catedral una misa de Acción de Gracias con la asistencia de las corporaciones y se cantó el Te Deum de rito en estos casos.

Desde las dos de la tarde se reunieron las autoridades, en la antigua Casa Consistorial -situada en el malecón y donde se había firmado el Acta de la Independencia-, que continuaba siendo la sede del Cabildo Municipal.

A la hora señalada, esto es, alrededor de las 5 de la tarde, las autoridades de la ciudad y miembros del Comité iniciaron el recorrido por las calles de la ciudad, con destino al sitio donde se iba a inaugurar -por fin- el monumento a Olmedo. Entre los integrantes de la comitiva se encontraban los Sres. José Joaquín Olmedo (hijo), don Pedro Carbo y los Sres. M. Marcos y T. Cucalón, Presidente y miembros del Comité, el Obispo de Myrina y el Cabildo Eclesiástico.

Una vez que llegaron al lugar donde se iba a realizar el relevante acontecimiento, el Sr. Pedro Carbo, seguido de todos los Miembros del Comité Olmedo se dirigió hacia la verja provisional quo circundaba la estatua del insigne bardo, que estaba rodeada ya por 20 sargentos de la Compañía de Bomberos “Olmedo’’ y otros tantos de la “Columna de Hacheros’’ que, con sus respectivos pabellones, montaban la guardia de honor.

En aquel instante, ya todos los que habían formado en el desfile, inclusive los bomberos y los soldados de los batallones de línea, habían ocupado los puestos que se les señalara. Una muchedumbre de obra de 15.000 personas rodeaba la estatua, sin contarlos innumerables espectadores que asistían desde los balcones y aún los tejados de las casas vecinas, a la imponente y Magnífica ceremonia.

Fue entonces que, en medio del mayor silencio compatible con tan grande concurrencia, don Pedro Carbo descubrió la estatua -cubierta hasta entonces con los colores celeste y blanco de Guayaquil-, y al mismo instante rompieron al aire los gratos acordes del Himno Nacional entonado por un grupo de niñas, los grandes vítores de la entusiasmada muchedumbre y los repiques de las campanadas que llevaron hasta los últimos ámbitos de la población, el anuncio de que Guayaquil tenía, al fin, la tan anhelada estatua del patriota y más inspirado de sus hijos y el ecuatoriano más grande de todos los tiempos.

“Inmediatamente, el mismo señor Carbo hizo formal entrega del monumento al Concejo Cantona, pronunciando al efecto un extenso discurso que fue escuchado con el respeto que se merece el venerable viejo jefe del partido liberal. En seguida habló el Presidente del Ayuntamiente, señor Dr. D. Pedro J. Boloña…” (Diario Los Andes, Oct. 15 de 1892).

En el informe de la inauguración de la estatua, editado por el Comité Olmedo en 1892, se lee:

“A las cuatro de la tarde comenzó el desfile. Rompía la marcha el benemérito Cuerpo de Bomberos que constaba allí de más de dos mil hombres... En el orden siguiente: a la cabeza veinte sargentos de la Compañía Olmedo, vestidos de gran parada, que debían formar la guardia alrededor de la Estatua; enseguida la banda del No 1 de línea y después, los diecisiete estandartes del Cuerpo de Bomberos. Al centro de esta calle formaban las otras escuelas y colegios de la ciudad. Detrás de ellos iban los tres carros alegóricos, adornados lujosamente, llevando lindísimas niñitas y graciosos niños que representaban las varias alegorías. El primer carro simbolizaba la Poesía, el segundo el Comercio y el tercero La República. Seguían las colonias peruana y china, cada una de ellas llevaba una hermosa corona para ofrecerla al Cantor de Junín. También iba la Sociedad de Beneficencia Italiana Garibaldi, con su presidente Don Miguel Campodónico, llevando igualmente una corona y precedida de un lujoso estandarte...”, (cerraba la marcha la Brigada de artillería Sucre y el Batallón No 2 de línea.)


Más adelante el informe expresa que:

“La magnífica procesión cívica recorrió las calles de la ciudad repleta de espectadores, en el mayor orden y solemnidad. Comenzó por la calle del Malecón, siguió por la de Bolívar (actual V.M. Rendón) y Pichincha, hasta la del Arzobispo (actual calle Villamil) y entró en la calle de San Alejo (actual Eloy Alfaro) pasando por allí a la de Zaraguro (actual Av. Olmedo) donde se ha erigido la Estatua.
Llegada la procesión cívica a la calle de Zaraguro se incorporaron a ella, el limo. Señor Obispo, Vicario General de la Diócesis, algunos miembros del Cabildo Eclesiástico y varios otros sacerdotes. Al pie de las gradas del dosel, se incorporó también a tan suntuosa procesión, el señor José Joaquín Olmedo, hijo del ilustre prócer, a quien acompañaban, por Comisión especial del Comité Olmedo, los señores Pedro Carbo, Presidente, Manuel Marcos y Tácito Cucalón, miembros del Comité....”


“El monumento fue rodeado -continúa el informe de Don Pedro Carbo- por los pabellones de las Compañías de Bomberos; pero estaba todavía cubierto con un gran velo bicolor, azul y blanco”, es decir, el pabellón del Nueve de Octubre de 1820... “Una inmensa multitud se agrupó en torno a la estatua, en cuyas proximidades se habían levantados dos tribunas, la una con la leyenda Olmedo, reservada para los Miembros del Comité y la otra destinada a las damas invitadas”.

El informe narra que:


“...El Comité hizo la recepción oficial a las autoridades y demás funcionarios y habiéndolos dejado instalados se dirigió a la Estatua. Su Presidente Pedro Carbo, anunció que iba a descubrirla y en efecto, a las 5:30 de la tarde descorrió el velo que la cubría, oyéndose en el acto una gran salva de vivas y aplausos junto con el Himno Nacional, tocado por las bandas militares mientras se echaban al vuelo las campanas de las iglesias de la ciudad...”

El Comité emitió una medalla de plata que fue grabada en Lima, en cuyo anverso estaba la imagen del monumento y en el reverso los nombres de los miembros del comité. Al año siguiente, el 28 de abril de 1893, Don Pedro Carbo, a nombre del Comité, solicitó al Concejo Cantonal que:

“se sirva disponer, que a la calle Zaraguro se le cambie el nombre por el de Av. Olmedo”, (lo cual fue aprobado en la sesión del 17 de mayo de ese año.)


Durante varios años el monumento permaneció en el sitio donde había sido inaugurado, pero con el paso de los años varios factores -entre ellos el incremento del tráfico vehicular- obligaron a su traslado, y ya para la década de 1950 había sido removido hacia el malecón, situándolo en una rotonda expresamente diseñada para recibirlo.

Posteriormente y siempre alrededor del mismo lugar, varias veces fue cambiado su asiento, hasta que al iniciarse el siglo XXI -buscando remodelar y embellecer el sector- fue finalmente ubicado en su emplazamiento actual del Malecón.

Click en la imagen para agrandarla



Descripción del Monumento


El monumento mira al río, y presenta -en la parte superior y trabajada en bronce- la estatua de prócer y poeta sentado, en actitud de levantarse. Olmedo tiene una pluma en su mano derecha y en la izquierda el documento al que va a dar lectura, y que no es otro que el Acta de la Independencia de Guayaquil.

Su emplazamiento, siguiendo la tradición de la estatuaria de finales de siglo XIX y comienzos del XX, está orientado hacia el Este, para que el personaje, de cara al sol, reciba la luz de los ideales que iluminan la vida de los pueblos.

El pedestal -de hormigón recubierto con placas desmontables trabajadas en pie dra- presenta una base de 4,90 x 3,95 metros, con una altura total de 8,17 metros sobre las cuales se colocan los soporte de los bajorrelieves.

En la cara frontal del pedestal se ha grabado una enorme lira sobre la que aparece una gran rama de laurel, y sobre ellos, la dedicatoria también grabada que simplemente dice “A Olmedo”, y más abajo MDCCCLXXXI, año en que se realizó su fundición.

Un bajorrelieve situado en la parte baja del fuste representa la “Apoteosis de Olmedo”: En él se ve a Caliope coronándolo y junto a éste a Clio, representando a la historia. A la izquierda se ven cinco figuras proceras elegantemente vestidas y a la derecha tres mujeres inelegantes, un niño de entre 8 y 10 años, desnudo, y un trabajador en actitud serena, con una azada en sus manos, probable representación del pueblo adhiriéndose a la apoteosis.

Con respecto a este monumento mucho se ha repetido que el personaje que aparece en bronce no es Olmedo sino Lord Byron, pero esta equivocación, que fácil y documentadamente fue aclarada por el Sr. Luis Noboa Icaza en sus “Estudios Sobre Olmedo”, se complementa si comparamos al monumento con la miniatura del joven Olmedo sobre la cual trabajó Falguiere y que se exhibe en el Museo Municipal. Como se puede apreciarse, existe un gran parecido, que también, cosa curiosa, mantiene con el inglés.




El Monumento a Olmedo


He observado mil veces la estatua de Olmedo ubicada en el malecón y la Avda. Olmedo y confieso que no había caído en cuenta en sus numerosos detalles; así pues, para todos aquellos que como yo han caminado distraídamente por ese lugar, van estas líneas:

1.-Se trata sin duda de Olmedo, no de otro personaje como alguna vez se ha dicho por ligereza o con bastante malignidad. El parecido de la estatua con un medallón al óleo propiedad de la familia Illingworth Baquerizo es realmente asombroso. Los Illingworth tienen el medallón como herencia de su antepasada Magdalena Olmedo, la única hermana del poeta, a quien éste dedicó desde Lima su famoso poema Mi retrato, escrito en plena juventud cuando el poeta era un joven estudiante, alegre y dicharachero, asistía a convites y escribía para ser leídas en banquetes de amigos recién casados.

El rostro del personaje de la estatua responde en todo a la descripción de Mi retrato de suerte que se trata de la misma persona y por si aún quedaron algunas dudas, está el hecho histórico de que fue don Pedro Carbo acompañado de José Joaquín de Olmedo Icaza, único hijo vivo del poeta, el encargado de inaugurarla en 1.892. En dicho acto el hijo reconoció a su padre y así lo declaró públicamente

2.-La estatua no representa a un poeta en el acto de leer sus producciones. Representa al Presidente de la provincia Libre de Guayaquil entre 1.820 y 1.822 con el acta de la Independencia o algún otro documento de interés. Esta conclusión se saca de la banda presidencial que cruza el pecho de Olmedo como se aprecia a simple vista. Es, pues, la estatua de nuestro primer presidente guayaquileño.

El Medallón Illingworth fue publicado por primera ocasión en los años 1.980 en la portada de la Revista de la Universidad de Guayaquil, a colores, por el acucioso historiador Elias Muñoz Vicuña.

3.- Es lástima y muy grande que estatua tan bellamente concebida y mejor lograda, haya sido colocada sobre un pedestal tan alto y este a su vez descanse sobre dos escalones de mármol que aun la eleva más. Estos escalones posiblemente no existían cuando la estatua fue inaugurada en la intersección de Avenida Olmedo y Chimborazo, sitio del que se la sacó posteriormente al actual, en razón de su importancia para la urbe.

4.- A los lados existen dos grupos alegóricos y muy poéticos. La figura de la izquierda es Huayna Cápac como bien lo indicó Luis Noboa Icaza en un folleto muy interesante que existe de su pluma y donde hace una descripción pormenorizada del monumento. Prácticamente nadie recordaba entonces que en Guayaquil existía la estatua de un inca, que emerge hierático e imponente en actitud de cubrirse con un velo, porque sale del país de los muertos, como lo dice Olmedo en su célebre aparición en el Canto a Bolivar titulado La Victoria de Junin y justamente esta aparición del inca fue duramente criticada por el notable literato chileno Amunátegui, quien opinó que no era necesaria para darle cohesión al Canto, cuya estructura, bellamente realizada es perfecta de por si. Al otro lado está la figura de un viejo venerable rodeado de ondas de agua y caracolas. Es el gran río Amazonas, noble y majestuoso por su inmensidad, también mencionado por Olmedo en el Canto.

5.- Sirvan estas disquisiciones para que otros curiosos pasen por delante de Olmedo y contemplen al poeta en su juventud. Tenia solamente 37 años cuando leyó el Acta de la Independencia. Luego concurran a la plaza del Centenario donde aparece un Olmedo distinto, por delgado y macilento, próximo a su muerte ocurrida en 1.847, demacrado a causa de un cáncer lento e indoloro a los intestinos y vean los efectos que sobre tan robusto organismo había realizado la enfermedad desde 1.840. Como algo curioso cabe anotar que el Olmedo joven del malecón está vestido a la usanza de 1.847 con pantalón y frac así como el Olmedo viejo del Centenario usa levita larga de fantasía, medias de seda, calzón corto a la rodilla como era usual en 1.820. hay, pues, una total distorsión en los vestidos, que no concuerdan con la edad del poeta.

6.-Olmedo es el único personaje que tiene dos estatuas en Guayaquil, la una propia y la otra en común con Antepara, Febres Cordero y Villamil, autores principalísimos, los tres, de la revolución de Octubre.

7.-Finalmente, el que Olmedo aparezca sentado en su estatua con un rostro nunca publicitado, sirvió para que algunos caballeros, llevados por una justa curiosidad histórica, dudaran del caballero de la estatua y dijeran que no era de Olmedo sino de Lord Byron, que cojeaba de una pierna por tenerla más corta y siempre ha sido representado cómodamente sentando en un sillón.


Ahora la estatua está en el Paseo "León Febres Cordero", mirando de frente al Rio Guayas.





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martes 4 de agosto de 2009

Grandes similitudes entre Vascos y Guayaquileños

Encontré este video en uno de mis viajes por la web y me parece en extremo sorprenderte y a la vez muy triste ver como el País Vasco sufre igual que nosotros ante el centralismo y abuso por parte de un Gobierno dictatorial y opresor.

NO TIME FOR LOVE | Jose Mari Esparza expone en esta charla las razones que le llevaron a declararse independentista. Esta es la presentación de su libro "100 razones por las que dejé de ser español" (5 vídeos). EL primero con una breve introducción en euskera

"Llevo 30 años de matrimonio y sigo enamorado de la misma mujer, y le dice el otro: ¿y como lo haces?, pues procuro que no se entere mi esposa", pues eso es de alguna manera lo que los esta pasando a nosotros, llevamos varios siglos casados a la fuerza, lo que pasa es que ya no nos importa que España se entere que estamos enamorados de otra o que simplemente estamos enamorados de la libertad y queremos vivir solos, después... a estas alturas del siglo 21, hemos llegado al final como un matrimonio mal avenido, entre Vascos y Españoles no ha habido mas que guerras en estos últimos 150 años.
¿Te suena similar?

Cantábamos en San Fermín hace mucho tiempo: "Seis vacas gordas tiene mi patria seis vacas gordas tiene Euskadi, aquí nosotros las ordeñamos y toda la leche se va pa Madrid"
¿Te suena similar?






"El derecho a la autodeterminación de los pueblos está reconocido en todas las cartas internacionales"


¡100 razones por las cuales dejé de ser Español!

¿100 razones nada mas?

Yo les podría dar fácilmente mas de mil por las cuales dejé de ser Ecuatoriano...








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