Los ánimos estaban caldeados, Illinworth arrancó en un impulsivo acto de fervoroso y extremo Guayaquileñismo el letrero de la calle Pichincha (todos lo celebramos y aun lo recordamos), los corazones ardían, las almas estaban dispuestas, morir por Guayaquil era la mayor gloria y honor posible, fueron las épocas del robo descarado al banco de Progreso, el latrocinio de los aborrecidos centralistas y sus malsanas intenciones de usurparnos el poder bancario, los zátrapas de ahora se estaban formando, eran sus inicios; la popularidad de León siempre fue altísima, ganó en sus dos Alcaldías por votaciones superiores a 80%, la gente gritaba libertad, independencia, República de Guayaquil, muchos estábamos dispuestos a morir y a derramar nuestra sangre por el y por esta ciudad; León se negó... su razón fue el amor, hoy en día lamentamos ese suceso.
León le respondió negativamente a Illinworth, le dijo que Ecuador era uno solo, que la unidad nacional no podía ser rota nunca y que así debia ser siempre, ¡que nobleza de León!, aun derrotado y perdido se mantuvo noble y orgulloso, amante de su país y de un sueño integracionista en lo personal absurdo y ridículo; pero en su romance poesía e idealismo, el tan digno y tan noble Presidente amante apasionado de su pueblo Ecuatoriano, nos negó la libertad a los Guayaquleños, la sacrificó por amor a un pueblo malagradecido en general que en sus últimos años le devolvió solo persecuciónes, desprecios, humillaciones, maldiciones y burlas.
¿Por que León...?, ¿Porque...?, ¿amor?, ¿amor a quienes nos lastiman?, ¿a quienes nos pagan mal?, ¿a quien nos maltratan?, ¿a quienes nos humillan?, ¿amor a quienes nos intentan destruir?
Nadie cuestionó en su momento su decisión, todos la acatamos con muchísimo pesar, hoy quizá lamentamos lo ocurrido, debimos haber agotado los diálogos, convencerlo de alguna manera, pudo haberse logrado de alguna forma creo; no obstante sin renegar su voluntad la cual aceptamos con sumo respeto, podemos hoy argumentar que los tiempos han cambiado, que la política ahora es distinta, que el mundo es diferente en los actuales momentos, ya nada es igual a lo que era antes.
Muy lejos de no lamentar aun profundamente su pérdida, tengamos en cuenta que el ya no está presente, ya no está con nosotros, el ilustrísimo y último verdadero Ecuatoriano falleció, establezcamos entonces el duelo apropiadamente (me ha tomado 5 meses reconocerlo y aceptarlo), determinemos nuestro futuro y lo que mas nos conviene, retornemos al pasado y a nuestras raices, el recuerdo del robo descarado y flagrante vive siempre impune, el anhelo de libertad nos llama, está en nuestra sangre, está presente, "somos Guancavilcas, recordémoslo siempre".
León Febres Cordero vivirá por siempre en nuestros recuerdos como el último gran y verdadero Ecuatoriano, hoy... casi todos los mal llamados Ecuatorianos son unos acomodaticios sinverguenzas que se venden fácilmente a una izquierda mercantilista que compra sus consciencias por unos puercos riales y puestos en el Gobierno, que venden sus almas, herencia y dignidad al mejor postor, que permiten el ultraje a nuestra bandera, que miran con indiferencia nuestra división y mutilación como provincia.
Solo nos queda regresar al pasado y releer nuestra historia, que allá está nuestra verdad, nuestra cultura, "nuestra casa grande".
Una publicación dirigida a un proceso educativo masivo de la ciudad genera controversia entre historiadores:
El último libro publicado sobre la historia de Guayaquil abre un nuevo capítulo de un viejo debate. Esta vez se trata de Historia de Guayaquil de autoría de Melvin Hoyos y Efrén Avilés, publicación que cuenta con el patrocinio del Municipio de Guayaquil y está destinada al programa educativo masivo "Aprendamos", que lleva adelante el Cabildo.
De entrada, Jaime Nebot, en la presentación de la obra, expone: "A lo largo de estas páginas llenas de verdad, podrás confirmar una y otra vez, que hemos salido adelante siempre juntos. Con Guayaquil no ha podido ni la peste, ni el pantano, ni los incendios, ni los bucaneros, viejos y nuevos".
La obra se divide en etapas históricas. Comienza en la época prehispánica y concluye con la actual.
Entre los datos históricos, que pertenecen al capítulo de la Independencia, se puede leer: "En la mañana de ese 9 de octubre, Guayaquil ya era libre para siempre del dominio español...se proclamó de manera definitiva la libertad y se firmó el acta del Cabildo, que constituye, de hecho, el Acta de Independencia de Guayaquil, y por qué no decirlo, de toda la Patria" (pág. 42,43).
Sobre la Batalla del Pichincha: "El empuje de la libertad era incontenible y el joven teniente Abdón Calderón, aunque gravemente herido, permanecía en el campo de batalla manteniendo en lo alto la bandera celeste y blanco de Guayaquil" (pág. 44).
"Ese 24 de mayo de 1822 se cumplió el principal objetivo que Guayaquil se había impuesto desde que proclamó su independencia: dar la libertad a Quito" (pág. 45).
Sobre Simón Bolívar: "Guayaquil estaba indefensa. Casi todos sus hijos habían muerto durante la campaña por la libertad de Quito y nada pudo hacer frente a los 3 000 hombres puestos en armas que acompañaban al usurpador. Así, de manera artera, Bolívar ocupó y tomó por la fuerza la ciudad capital de la "Provincia Libre" de Guayaquil y decretó su anexión a Colombia".
"Perpetrado el abuso, Bolívar se preparó para recibir al general San Martín, con quien se había citado en Guayaquil para tratar asuntos de la independencia americana" (pág. 47).
Reacciones. El historiador quiteño Juan Paz y Miño fue el primero en criticar la obra. "Resulta que Guayaquil y los guayaquileños han hecho todo el proceso libertario nacional, lo cual es una absoluta exageración y tergiversación de la historia nacional", sostiene. "Bolívar está considerado como un usurpador, un conculcador de la independencia y autonomía de Guayaquil. Su imagen queda por los suelos", agrega.
Otro experto, Simón Espinosa es más cauto en su crítica. "Los hechos deben ser interpretados en su secuencia histórica, no aislados", dice. En ese sentido, ve bases reales en lo publicado, aunque sí nota cierta exacerbación en el relato. "Efectivamente, hubo guayaquileños que pelearon en la Batalla del Pichincha para liberar a Quito, pero fue un Ejército reforzado con gente de Colombia, de Venezuela, de otras regiones nuestras, no solo de Guayaquil, cuya bandera sí se flameó en el Pichincha", expone Espinosa. Sobre Bolívar, también cree que no es justo tildarlo de usurpador. "Es claro que Bolívar quería dentro de la Gran Colombia a Guayaquil como un puerto importante, ese era su proyecto. Pero Guayaquil, en ese momento, también estaba dividida en cuanto a su futuro".
Uno de los autores, Melvin Hoyos, rechaza las críticas de quienes no considera historiadores. "Nos hemos basado en abundante documentación y en un trabajo que nos ha demandado 18 años, revisando incluso obras de autores quiteños sobre los hechos (...), soy un historiador que lucha porque se revele siempre la verdad. Si esa verdad no gusta, por distintas razones -incluyendo políticas- no es mi problema. El que critique esta obra que lo haga con argumentos o que mejor se calle", finaliza. (MPH)
Para muestra un botón:
Por Dios... ¡es cierto!, bendita historia, Abdón Calderón levantó la bandera de Guayaquil, ¡la bandera de Olmedo!, ya que esa bandera representó al Ecuador en la batalla del Pichincha (por decir Ecuador, por que en realidad representó a la Provincia libre de Guayaquil), saquen cálculos, hagan números, la amarillo azul y roja no flameó sino al día siguiente luego de concluida la batalla del Pichincha por imposición de Sucre cumpliendo órdenes de Bolivar según lo dice la historia... ja, ja, ja, la verdadera bandera del Ecuador es la Guayaquileña, con esa bandera se peleó la Batalla libertadora en las faldas del volcán Pichincha, la historia de este país es nuestra, es Guayaquileña carajo, nos pertenece, la batalla del Pichincha fue pagada con el dinero de nuestro cacao, los mercenarios contratados Venezolanos (Sucre) y Colombianos recibían sueldo nuestro, Ustedes malditos centralistas nos lo deben todo, ¡absolutamente todo!, son unos viles rastreros y zátrapas infelices, ¡bendita historia, bendita historia!

Abdón Calderón al lado de la bandera tricolor, esta es una de las mas grandes, sucias y viles mentiras de nuestra historia y de todos los tiempos.

No solo se han dedicado a robarnos territorio (Provincia libre de Guayaquil), durante años nos han robado nuestra historia y nuestros recuerdos, manipulándonos y formándonos a punta de falsedades, engaños y profundas mentiras.
Los pequeños saltamontes de la web, Padawan de Jedi historiador:
Y mientras Sageo y yo jugábamos a ser historiadores (Sageo fue el iniciador y promotor del Wikiproyecto "Ciudad de Guayaquil", de el es casi todo el mérito de la historia Guayaquileña presente en la web Wikipedia en un 90% o mas), con viejos libros, revistas, afiches y hasta cromos o figuritas para pegar en los cuadernos, buscando desesperadamente fuentes oficiales, preguntando y entrevistando a los antiguos Guayaquileños del barrio boca 9 en la 9 de Octubre, preguntándole a los abuelos, soñando, urgando, investigando, ya podemos dormir mas tranquilos, ¡al fin llegó la caballeria!, ¡por Dios, cuanto tiempo!, los estábamos esperando...
¡Gracias historiadores, gracias Alcalde Nebot, Gracias...!

Pd: Con o sin permiso de la Alcaldía procederé en los proximos días a escanear el libro, subirlo a Scribd y publicarlo en "LA PLEGARIA DE UN PAGANO".